HISTORIA
Su origen se remonta a principios del siglo XVI, siendo dos hermandades que se fusionaron, por un lado la del Santo Entierro de Cristo y del otro la de Nuestra Señora de la Soledad. El tercero de los titulares, el Cristo de la Buena Muerte, fue adquirido por la hermandad en 1927, siendo hermano mayor don Francisco de Paula Juárez.
La historia de esta hermandad está llena de conflictos desde su origen, pues parece que su fundación tuvo lugar en el desaparecido convento de Mínimos de Estepa y que fueron muchos los conflictos entre los frailes y los cofrades de esta hermandad, lo que determinó que estos últimos abandonaran definitivamente la Iglesia de la Victoria para trasladarse a la Parroquia de San Sebastián ¿en el siglo XVII?
Si el siglo XVII fue un siglo de conflictos, el XVIII fue el de los pleitos y de nuevo la hermandad tendrá su protagonismo; por un lado son muchos los conflictos que va a tener con otras corporaciones de la localidad sobre la preeminencia y responsabilidad a la hora de enterrar a hermanos de la cofradía, por otro lado también fue muy importante el conflicto surgido a raíz del nacimiento de una cofradía con la misma advocación, entablándose un pleito entre la hermandad de la Soledad y la cofradía de la Soledad. Desgraciadamente, la lentitud de la administración española y su burocratización nos impide que hoy tengamos el acta final de resolución, aunque eso sí, nos queda la herencia histórica de ambas hermandades de la cual es heredera la actual.
Durante el siglo XIX y buena parte del XX esta cofradía se distinguió por un porte muy señorial y aristocrático perteneciendo a la citada hermandad las más ilustres familias de Estepa. Actualmente está siendo pionera a la hora de abrir el mundo de las hermandades a las mujeres estepeñas.
Desde el lejano 1451 en que se creó la Parroquia de San Sebastián, esta procesión ha puesto su broche de oro en la noche del Sábado Santo, con las impresionantes imágenes que en él desfilan: Cristo Yacente y Nuestra Señora de la Soledad. Ambas pueden fecharse a mediados del XVI. Tiene el Cristo ambos brazos deteriorados a la altura de los hombros por haberse articulado para poder llevar a cabo la ceremonia del Descendimiento. Duró la ceremonia del Descendimiento y Entierro hasta mediados del siglo XVIII y por eso la imagen pudo venerarse como Cristo Crucificado, como Yacente en el regazo de la Virgen o en el Santo Sepulcro.
La urna que contiene hoy esta imagen es del XVIII y sobresale por su riqueza en labrado y dorado, que en realidad, impiden contemplar bien la imagen. Nuestra Señora de la Soledad denota en su textura y composición una avanzada antigüedad. Hecha para vestir, lo más notable es su rostro, en el que las cejas y nariz forman un ángulo casi recto. Destaca la tristeza de los ojos, expresivamente llorosos. La palidez del rostro es extremada. No es la Virgen sevillana Bonita que más tarde se irá imponiendo en todos estos contornos, sino la Virgen estepeña de Pasión.
La historia de esta hermandad está llena de conflictos desde su origen, pues parece que su fundación tuvo lugar en el desaparecido convento de Mínimos de Estepa y que fueron muchos los conflictos entre los frailes y los cofrades de esta hermandad, lo que determinó que estos últimos abandonaran definitivamente la Iglesia de la Victoria para trasladarse a la Parroquia de San Sebastián ¿en el siglo XVII?
Si el siglo XVII fue un siglo de conflictos, el XVIII fue el de los pleitos y de nuevo la hermandad tendrá su protagonismo; por un lado son muchos los conflictos que va a tener con otras corporaciones de la localidad sobre la preeminencia y responsabilidad a la hora de enterrar a hermanos de la cofradía, por otro lado también fue muy importante el conflicto surgido a raíz del nacimiento de una cofradía con la misma advocación, entablándose un pleito entre la hermandad de la Soledad y la cofradía de la Soledad. Desgraciadamente, la lentitud de la administración española y su burocratización nos impide que hoy tengamos el acta final de resolución, aunque eso sí, nos queda la herencia histórica de ambas hermandades de la cual es heredera la actual.
Durante el siglo XIX y buena parte del XX esta cofradía se distinguió por un porte muy señorial y aristocrático perteneciendo a la citada hermandad las más ilustres familias de Estepa. Actualmente está siendo pionera a la hora de abrir el mundo de las hermandades a las mujeres estepeñas.
Desde el lejano 1451 en que se creó la Parroquia de San Sebastián, esta procesión ha puesto su broche de oro en la noche del Sábado Santo, con las impresionantes imágenes que en él desfilan: Cristo Yacente y Nuestra Señora de la Soledad. Ambas pueden fecharse a mediados del XVI. Tiene el Cristo ambos brazos deteriorados a la altura de los hombros por haberse articulado para poder llevar a cabo la ceremonia del Descendimiento. Duró la ceremonia del Descendimiento y Entierro hasta mediados del siglo XVIII y por eso la imagen pudo venerarse como Cristo Crucificado, como Yacente en el regazo de la Virgen o en el Santo Sepulcro.
La urna que contiene hoy esta imagen es del XVIII y sobresale por su riqueza en labrado y dorado, que en realidad, impiden contemplar bien la imagen. Nuestra Señora de la Soledad denota en su textura y composición una avanzada antigüedad. Hecha para vestir, lo más notable es su rostro, en el que las cejas y nariz forman un ángulo casi recto. Destaca la tristeza de los ojos, expresivamente llorosos. La palidez del rostro es extremada. No es la Virgen sevillana Bonita que más tarde se irá imponiendo en todos estos contornos, sino la Virgen estepeña de Pasión.
PASOS
Tres. En el primero de ellos el Cristo de la Buena Muerte, bella imagen de Cristo muerto en la cruz, en un paso que tiene especial interés no sólo por su antigüedad, sino por el trasiego histórico que ha sufrido, al haber pertenecido a tres cofradías distintas anteriormente. El segundo de los pasos es la Urna con el cuerpo yacente, bella representación barroca del XVIII, donde se muestra con especial interés la perfección que se consiguió en el dominio de la madera, los detalles y la propia escultura del Cristo, movible, consiguen de la escena un delicado y especial misterio de la muerte. El tercero de los pasos es la Virgen de la Soledad, imagen de Dolorosa sin palio acompañada por la soledad de la Cruz y el sudario; destaca de este paso, de enormes proporciones, la representación tallada de la puerta de la Iglesia del Carmen. Las tres imágenes son de autoría anónima, aunque se puede observar que las del Cristo en la urna y la de la Virgen de la Soledad son de época más antigua, del siglo XVII, mientras que la del Cristo de la Buena Muerte es de principios del XX.
INDUMENTARIA
Los nazarenos visten túnica y antifaz negros y se ciñen con un ancho cinturón de esparto.
ANÉCDOTAS DE INTERÉS
Es la hermandad oficial, en la estación de penitencia una representación de cada una de las cofradías locales, junto con los distintos estamentos sociales y políticos del municipio, presididos por el Iltmo. Señor Alcalde-Presidente del Ayuntamiento de la ciudad. En los últimos años ha proliferado la procesión de mujeres con mantillas negras y enlutadas.
RESIDENCIA CANÓNICA
Parroquia de San Sebastián.
FUNDACIÓN
Finales del siglo XVII.
DÍA DE SALIDA
Sábado Santo.
HORA DE SALIDA: 5 de la tarde.
HORA DE LLEGADA: 9'30 de la noche.




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